Introducción a las armas de fuego

Introducción a las armas de fuego.

Las armas son uno de los inventos más antiguos de los seres humanos. Ya los primeros homínidos utilizaban un palo con una punta de piedra o hueso en uno de sus extremos para lanzarlo hacia sus presas y enemigos (lanzas y arpones).

La invención de las armas tuvo una gran importancia para la supervivencia de nuestra especie porque permitió satisfacer las necesidades vitales básicas, tras la respiración y el agua: el aporte de alimentos.

Las primeras armas de fuego fueron las  armas incendiarias utilizadas por el Imperio Bizantino, alrededor del año 672, el fuego valirio (citado en la serie de TV Juego de Tronos). Su composición se fue perdiendo con el paso de los siglos, si bien sus efectos fueron recogidos por numerosos manuales militares bizantinos. En base a ellos, podemos suponer que entre sus componentes se encontraba el nitrato de potasio (antecesor de la pólvora) o el petróleo bruto o refinado (similar al napalm moderno).

La invención de la pólvora de cañón es el mayor descubrimiento del hombre. No existe ninguna seguridad absoluta en cuanto a su origen, aunque es posible que apareciera en Inglaterra sobre el año 1260. Su composición se basa en nitrato de azufre y carbón, una receta que permaneció sin modificarse durante más de seis siglos.

Los primeros cañones y proyectiles fueron fabricados al final de la edad media, en el siglo XIII.

Tras el descubrimiento de la pólvora de cañón (llamada también pólvora negra), el ser humano no ha dejado de innovar y de demostrar un enorme ingenio en perfeccionar cada vez más las armas.

Nuevos sistemas de mecha (mecha de fuego, de platino, de percusión), armas cada vez más ligeras y más fáciles de utilizar, capaces de disparar varios proyectiles (varios cañones, tiro en ráfaga, etc),  municiones  más rápidas y de mayor alcance (misiles balísticos intercontinentales) armas más sólidas y resistentes a los choques térmicos (por ejemplo las que se fabrican con una impresora 3D).

Un informe realizado por el Instituto Universitario de Estudios Internacionales de Ginebra, estimaba que habría entre 700 y 900 millones de armas cortas en el mundo, de las que las tres cuartas partes estarían en manos civiles y el resto entre los diversos ejércitos y cuerpos de policía.

Los Estados Unidos tienen el récord, pues se estima que hay un arma por habitante ( cerca de 290 millones de armas). En segundo lugar estará el Yemen (61 millones), Finlandia (56), Suiza (46) e Irak (39 millones.)

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