El mosquito que resolvió un asesinato

El mosquito que resolvió un asesinato.

Las series de televisión no tienen el monopolio en cuestiones de policía científica. Casi siempre la realidad supera a la ficción.

Prueba de ello es el asunto que os vamos a comentar y que es cierto al cien por cien. De hecho, fue un caso que se abordó hace unos años en el Congreso Internacional “Society for Forensics Genetics”.

Veréis, todo empezó con el descubrimiento del cadáver de una prostituta transexual en una playa. El cuerpo se encontraba tendido sobre la arena, semi escondido, cubierto con ramas y vegetación. La causa de la muerte era por estrangulación.

La unidad de investigación de la policía científica que llevó el caso, sospechó desde el principio de un hombre de negocios adinerado, muy educado y refinado, cuyo vehículo había sido detectado en la zona, la noche en que se cometió el crimen.

Este individuo vivía lejos del lugar de los hechos.Los agentes investigadores no hallaron ninguna prueba incriminatoria contra esta persona. Ninguna prueba de la presencia de la prostituta asesinada en su domicilio, ni huellas dactilares ni material biológico con restos de ADN. Tan solo alguna prenda de vestir de este individuo con algún minúsculo resto de hojas y un par de zapatillas de deporte. Así mismo en una pared de la habitación una pequeña motita de sangre. Se trataba de una hembra de mosquito que había sido aplastada, no sin antes haberse alimentado de sangre humana. Con ayuda de un papel secante, un agente absorbió una muestra de esa sangre, así como lo que quedaba del insecto.

Ya en el laboratorio se extrajo el ADN de la muestra,  aislándose previamente el que correspondía al mosquito. Posteriormente se comparó el perfil genético con el de la víctima y…bingo!, los dos se correspondían.

Los investigadores pudieron probar que la víctima había estado antes de ser asesinada en la playa en el domicilio del sospechoso. Los agentes judiciales identificaron la especie a la que pertenecía el mosquito (un mosquito común, “Culex Pipiens”) y pudieron demostrar que en condiciones normales era imposible que el insecto hubiera recorrido la distancia que separaba la escena del crimen, la playa, de la vivienda del sospechoso.

También se comprobó que los restos vegetales (“Caléndula Marítima”), hallados en las prendas de vestir coincidían con las del lugar del hallazgo del cadáver y las huellas de las zapatillas de deporte coincidían también con las pisadas detectadas en la zona.

Un gran trabajo de los especialistas policiales que dan valor y prestigio a la placa de agente judicial que merecidamente llevan en su cartera profesional.

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